Hacer clases en la cárcel ha sido un regalo. Y por varios lados, porque imagínense lo fantástico que es preparar una clase pudiendo elegir el tema. Nada de programas del Ministerio, solamente el programa hecho a pulso, es decir, que sigue el pulso de lo que va pasando. Cuando una clase ha sido inquieta, a la siguiente pasamos “métrica”. Solita se acaba la chacota, todos de cabeza a tratar de armar una décima. No vuela una mosca.
Si en la clase anterior ha habido momentos de tristeza, a la clase siguiente trabajamos con textos de canciones. Cantar hace bien. Al principio cantan despacito mirando la hoja, pero al rato aparecen los inevitables Pavarottis. Hasta hemos cantado en Canon, es decir, lo hemos intentado. Ahí si que la chacota ni les cuento, así es que métrica para la clase siguiente! Cuando leemos poemas que requieren de mayor abstracción para su comprensión, como Purgatorio de Zurita, o el maravilloso INRI de ese querido vate, la clase siguiente viene con caramelo: Alberto Cortés, con su “era callejero por derecho propio”…bonito…y nada que calentarse los sesos.
Así vamos alternando, ellos sacando la cabeza a flote, y yo sumergiéndome en un mundo extraño, lleno de rituales.
Hacer clases en la cárcel me ha hecho comprender como las manifestaciones del genio humano se necesitan mutuamente, se influyen, se contaminan, se redimen y se florecen.
No podemos leer poemas y dejar de escuchar música. Imposible. La cadencia de algunos poemas es otra, después de escuchar los cantos gregorianos.
Hace algunos días armamos un cuadro de un jardín gigante. Sentados en grupos de a cuatro, en torno a cinco mesas redondas, hicieron aparecer flores, caracoles, abejas, mariposas, soles, pajaritos, monos, ranas, bichos extraños, una pantera y nubes de plasticina fosforescente. Una maravilla. Los miraba trabajar absortos, comparar sus trabajos, felicitarse, mientras movían suavemente la cabeza al ritmo de la Danza Húngara de Liszt. Para mi está clarísimo que el cuadro habría sido la mitad de hermoso sin su música. En realidad, el cuadro FUE la música.
Para la próxima clase, Mario, que es bueno para las matemáticas y la física, va a disertar acerca de Einstein y su teoría de la Relatividad. Esto, a propósito del término absolutamente genial con el que en la cárcel se denomina a un preso que tuvo ascendente entre la población penal, pero lo perdió. Ese descastado es “EL QUE YA ERA”. Un tipo situado en un tiempo que va pero viene de vuelta, un tiempo para los dos lados…al mismo tiempo.
Dios quiera que toda la luz que hemos ido sacando del saco, vaya dejando su huella



Es de un valor tremendo lo que estás haciendo.O lo que hacen todos quienes se animan a trabajar con los reos.
Tengo una hija que es abogado defensora y me cuenta muchas cosas de ese mundo gris y doloroso.
De nuevo felicitaciones