Hacer clases en la cárcel ha sido un regalo. Y por varios lados, porque imagínense lo fantástico que es preparar una clase pudiendo elegir el tema. Nada de programas del Ministerio, solamente el programa hecho a pulso, es decir, que sigue el pulso de lo que va pasando. Cuando una clase ha sido inquieta, a la siguiente pasamos “métrica”. Solita se acaba la chacota, todos de cabeza a tratar de armar una décima. No vuela una mosca.
Si en la clase anterior ha habido momentos de tristeza, a la clase siguiente trabajamos con textos de canciones. Cantar hace bien.
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